Aunque suele asociarse a los adultos, el Accidente Cerebrovascular (ACV) también puede afectar a recién nacidos, niños y adolescentes. Se trata de una interrupción o alteración del flujo sanguíneo en el cerebro, que puede darse por la obstrucción de un vaso (ACV isquémico) o por un sangrado (ACV hemorrágico). Si bien su frecuencia en la infancia es baja, sus consecuencias pueden ser significativas si no se aborda con rapidez. En una reciente jornada de actualización organizada para nuestro equipo institucional, el Dr. Pablo E. Petracca remarcó la importancia crucial de la detección precoz y del trabajo multidisciplinario coordinado para proteger la salud de los más pequeños.
¿Cuáles son las señales de alerta en los niños?
Para poder actuar a tiempo, es fundamental que mamás, papás y cuidadores conozcan los síntomas de aparición repentina. Entre las principales manifestaciones se encuentran la pérdida de fuerza o adormecimiento repentino en la cara, un brazo o una pierna; la dificultad para hablar o entender lo que se les dice; la pérdida brusca de la visión o mareos intensos con falta de equilibrio. También deben encender las alarmas un dolor de cabeza severo e inusual o la aparición de convulsiones sin causa previa aparente. Ante cualquiera de estas pautas, escuchar la intuición familiar y consultar de inmediato en la urgencia marca una diferencia determinante.
El diagnóstico oportuno mediante estudios de imagen, como la resonancia magnética o la tomografía, permite confirmar la situación en forma temprana. Dependiendo de la causa y del tipo de ACV, existen tratamientos específicos orientados a reestablecer la circulación o controlar el sangrado. Gracias a la capacidad del cerebro infantil para recuperarse (plasticidad neuronal) y a una atención médica inmediata, es posible reducir los riesgos de secuelas a largo plazo y acompañar una rehabilitación adecuada. En la Nueva Clínica del Niño de La Plata reafirmamos nuestro compromiso con la prevención y el cuidado integral de la salud de tus hijos.

