En el ámbito de la atención médica, las residencias pediátricas juegan un papel crucial en garantizar la salud y el bienestar de los niños. Estas residencias ofrecen una formación especializada a médicos recién graduados, brindándoles la oportunidad de adquirir experiencia práctica bajo la supervisión de pediatras experimentados.
“Los chicos hacen cuatro años con diferentes rotaciones para especializarse como pediatras. En el caso de nuestra clínica, es una residencia especial porque es un lugar chico y los residentes saben que este es su lugar y que tienen las puertas abiertas para quedarse trabajando acá el tiempo que quieran”, explica Celeste Samaruga, Instructora de Residentes de nuestra institución.
“Durante el primer año tienen mucho lo que es internación, después se suma lo que es ambulatorio, y tienen rotaciones por diferentes servicios de algunas cosas que no podemos ver acá, como por ejemplo consultoría de niños sanos o la recepción de partos, que es parte de la formación básica del pediatra, agrega la médica.
En nuestra clínica, los residentes tienen dos clases semanales impartidas por Samaruga con un ida y vuelta constante ya que, la idea siempre es de construcción de conocimiento por parte de todos. A esto, todos los viernes, se le suma un ateneo interdisciplinario que imparte el Director de Residencia, Dr. Juan Alconada. “Ahí se presentan casos clínicos, que eso sí lo presentan los residentes, pero muchas veces viene el especialista a contar casos particulares de sus pacientes”, especifica Celeste.
A esta propuesta docente completa se suma que los residentes tienen ahora un aval que otorga la UBA. Eso sirve inclusive para el que quiere venir del extranjero a hacer la residencia acá, ya no tiene que convalidar la especialidad, sino que tiene un título de una universidad que dice que es especialista en pediatría.
El día a día en la residencia pediátrica de la Nueva Clínica del Niño
Una de las principales ventajas de las residencias pediátricas es su enfoque integral en el cuidado de los niños, abarcando desde el diagnóstico y tratamiento de enfermedades comunes hasta la atención de casos más complejos y especializados.
“Nosotros estamos siempre trabajando junto con el médico de planta”, explica Macarena Casaza, residente de primer año de la Clínica. “Eso está buenísimo porque te da espacio para aprender y hacer un montón, pero siempre con alguien que sabe al lado. Por ejemplo, los primeros meses vas a ver a los pacientes junto con el médico que está a cargo. Ya después, por lo general, hacemos una división para que cada uno vaya a ver a un número específico. La idea es que la misma persona, como estamos de lunes a viernes, vaya viendo la evolución del paciente hasta que se pueda ir de alta”, agrega sobre la rutina del servicio.
“Además, tenemos mucha ayuda de los especialistas de todas las áreas y están siempre al teléfono o junto a nosotros por cualquier duda. Están muy predispuestos a explicarnos, a enseñarnos, a realizar los procedimientos. Porque como es un lugar tan pequeño, esa es la facilidad que hay. Cuando hay muchos estudiantes es difícil obtenerlo”, agrega Flavio Garrido González, otro de los residentes de primer año.
“La posibilidad que tenemos nosotros de estar con el paciente no se da en todos lados, lo mismo que te expliquen cómo es un procedimiento para que luego vos lo hagas”, aclaran ambos residentes, destacando el nivel de aprendizaje logrado. “Acá vemos un montón de patologías, es un lugar que tiene camas para 36 internaciones para complicaciones de baja a intermedia, una terapia de 20 camas y un hospital de día con lugar para 10 pacientes para cirugía ambulatoria”, cuentan.
Al formar a una nueva generación de pediatras altamente capacitados, estas residencias ayudan a cubrir la creciente demanda de atención pediátrica en todo el país. “Nuestros residentes, primero aprenden la confección de historia clínica que es un documento clave del paciente para su diagnóstico y tratamiento. Después tienen las prácticas que están habilitados para hacer como sacar sangre y poner sondas, y luego, van aprendiendo tareas que no se hacen en la universidad como punciones lumbares o pleurales”, destaca Celeste Samaruga.