Es muy común que los bebés devuelvan un poco de leche después de comer. En la mayoría de los lactantes menores de un año, esto es un proceso natural y fisiológico provocado por la inmadurez propia de su sistema digestivo. Si el bebé mantiene un buen crecimiento, gana peso adecuadamente y se muestra tranquilo, no hay de qué preocuparse: estamos ante un «vomitador feliz» que resolverá esta condición de forma espontánea entre el año y el año y medio de vida. En estos casos, la clave principal es acompañar con pautas alimentarias y tranquilidad familiar.
¿Cuándo se convierte en una enfermedad y exige atención médica?
El panorama cambia cuando el reflujo genera malestar significativo o complicaciones en la vida diaria del niño. Según explicó el Dr. Maximiliano Fernández Rivas, hablamos de Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE) cuando aparecen síntomas como llanto desconsolado, rechazo del alimento, detención en la ganancia de peso o talla, o molestias respiratorias. En niños mayores de dos años, suele manifestarse de forma similar a los adultos, con acidez, dolor en el pecho o en la boca del estómago y sensación de gusto amargo.
Para abordar esta situación, el Dr. Maximiliano Fernández Rivas enfatiza que el primer paso no siempre es la medicación. En los más pequeños, se priorizan las medidas no farmacológicas y los cambios en la forma de alimentación —como ajustar volúmenes, mejorar las posturas al amamantar o evaluar posibles intolerancias como la alergia a la proteína de la leche de vaca— antes de recurrir a fármacos. Los tratamientos farmacológicos y los estudios específicos se reservan para casos puntuales bajo estricto criterio profesional.
Ante la presencia de «banderas rojas» como vómitos intensos, sangrado, falta de aumento de peso o el inicio abrupto de los síntomas pasados los 6 meses de vida, es fundamental no automedicar y realizar la consulta oportuna. En la Nueva Clínica del Niño de La Plata contamos con el equipo de pediatría y especialistas capacitados para orientar a la familia, realizar un diagnóstico preciso y asegurar el bienestar de los más chicos.

