Las celebraciones de fin de año son momentos de encuentro y alegría, pero también implican cambios en las rutinas alimentarias que pueden afectar a los más chicos. Para evitar intoxicaciones o malestares estomacales, el primer paso es cuidar la higiene y la cadena de frío. No debemos dejar alimentos con mayonesa, cremas o carnes a temperatura ambiente por más de dos horas; el calor de diciembre acelera la proliferación de bacterias que pueden causar cuadros de gastroenteritis.
Prevención y seguridad en la mesa
Un punto fundamental para la salud infantil es la cocción de los alimentos. Es vital asegurar que las carnes estén completamente cocidas, especialmente la carne picada, para prevenir enfermedades graves como el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH). Asimismo, para evitar la contaminación cruzada, recordá utilizar tablas y utensilios diferentes para manipular carnes crudas y vegetales, y lavar siempre las frutas y verduras antes de servirlas.
En cuanto al menú de los niños y adolescentes, lo ideal es ofrecer porciones pequeñas y evitar platos demasiado condimentados o pesados que dificulten la digestión. También es importante supervisar el consumo de dulces y bebidas azucaradas, que suelen abundar en estas fechas. Un pequeño descuido puede generar malestares evitables, por lo que el equilibrio es la clave para que todos disfruten por igual.
Por último, la seguridad física es prioridad absoluta: pedimos especial atención con los frutos secos (maníes, nueces, almendras) o alimentos pequeños en niños menores de 5 años, ya que representan un riesgo muy alto de atragantamiento y aspiración. Muchas veces se cree que el peligro pasa después de los 2 o 3 años, pero la recomendación médica es esperar hasta los 5. Asimismo, mantener el hábito del lavado frecuente de manos, tanto de quienes cocinan como de los chicos antes de sentarse a la mesa, es la herramienta de prevención más sencilla y efectiva. ¡Cuidémonos para que el brindis sea solo alegría!

