Recientemente se ha reportado un aumento en los casos de hantavirus, una enfermedad que, aunque poco frecuente, presenta una alta tasa de letalidad (entre el 15% y el 30%). Este virus no cuenta con un tratamiento específico, por lo que la detección temprana y la prevención son nuestras mejores herramientas para proteger a los más chicos y a toda la familia.
Es fundamental estar atentos a los primeros síntomas, que suelen confundirse con una gripe común: fiebre, dolores musculares, náuseas y vómitos. Sin embargo, en pocos días el cuadro puede agravarse afectando al corazón y los pulmones, provocando una marcada falta de aire. Es importante recordar que estos síntomas pueden aparecer incluso hasta 45 días después del contacto con el virus.
El hantavirus se transmite principalmente a través de roedores silvestres, como el ratón colilargo. El contagio más común ocurre al inhalar aire contaminado por la saliva, orina o excrementos de estos animales. Si viven en zonas rurales o cerca de áreas silvestres, mantengan el pasto corto y el perímetro de la casa limpio y ordenado para evitar que los roedores se acerquen.
Si necesitan limpiar lugares que estuvieron cerrados mucho tiempo (como galpones o depósitos), sigan estas reglas de oro: ventilen al menos 30 minutos, no barran para no levantar polvo, limpien siempre en húmedo con agua y lavandina, y utilicen barbijo, guantes y protección ocular. Ante cualquier duda o dificultad respiratoria, consulten de inmediato a nuestra guardia pediátrica.
Fuente: Sociedad Argentina de Infectología (SADI)

