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Nutrir el presente para proteger el futuro de nuestros niños y adolescentes

Cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, una fecha fundamental para reflexionar sobre cómo se alimenta el mundo y, de manera muy especial, cómo se están nutriendo nuestras futuras generaciones.

El panorama mundial: Un contraste preocupante

Según datos de la FAO y del Banco de Alimentos, nos encontramos frente a una realidad compleja:

  • Paradoja global: Producimos alimentos suficientes para todos, pero cerca de 815 millones de personas padecen hambre (1 de cada 9). El 60% son mujeres y el 80% de quienes viven en extrema pobreza habitan en áreas rurales.
  • Malnutrición infantil: Un 45% de la mortalidad en la infancia está ligada a la malnutrición. Mientras 155 millones de niños menores de cinco años sufren retraso en el crecimiento, al mismo tiempo observamos un aumento alarmante del sobrepeso y la obesidad.
  • La otra cara del problema: Hoy existen 1.900 millones de personas con sobrepeso en el mundo (600 millones con obesidad). La malnutrición, por exceso o por defecto, impacta seriamente en la salud pública y la economía global.

¿Cómo repercute una buena alimentación en la salud de niños y adolescentes?

En la Nueva Clínica del Niño, vemos a diario cómo los hábitos alimentarios impactan directamente en el desarrollo integral de pacientes pediátricos y adolescentes:

  1. Crecimiento físico y desarrollo cerebral

    • Cerebro y rendimiento: Nutrientes clave como los ácidos grasos Omega-3, el hierro, el zinc y las vitaminas del complejo B favorecen la memoria, la concentración y las funciones cognitivas. Un niño bien nutrido rinde mejor en la escuela y mantiene niveles de energía estables durante el día.

    • Huesos y músculos fuertes: El aporte adecuado de calcio, proteínas y vitamina D promueve una masa ósea sana durante el estirón puberal y la infancia.

  2. Sistema inmunológico reforzado

    • El consumo variado de frutas y verduras frescas aporta vitaminas (A, C, E) y antioxidantes que fortalecen las defensas naturales, reduciendo la frecuencia y gravedad de infecciones infecciosas y respiratorias.

  3. Prevención de enfermedades a largo plazo

    • Una alimentación equilibrada desde los primeros años previene la aparición temprana de obesidad infantil, diabetes tipo 2, hipertensión arterial y problemas cardiovasculares en la adultez.

  4. Salud emocional y bienestar integral

    • Alimentarse de forma saludable regula los niveles de energía y neurotransmisores como la serotonina. Evitar el exceso de azúcares refinados y ultraprocesados previene picos y caídas brutales de energía, reduciendo episodios de irritabilidad, fatiga y ansiedad.

Claves para fomentar hábitos saludables en casa

  • Priorizar alimentos reales: Inculcar el consumo diario de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y proteínas de buena calidad.

  • Menos ultraprocesados y azúcares: Reducir gaseosas, jugos envasados, bollería y snacks salados.

  • Agua como bebida principal: Promover la hidratación constante con agua segura en lugar de bebidas azucaradas.

  • Hacer del comer un momento familiar: Evitar pantallas en la mesa y compartir las comidas en un ambiente agradable refuerza la relación sana de los chicos con la comida.

  • Involucrar a los chicos: Invitar a los niños y adolescentes a elegir frutas/verduras en las compras y ayudar en la preparación simple de recetas fomenta su autonomía y curiosidad.

En el Día Mundial de la Alimentación, desde la Nueva Clínica del Niño renovamos nuestro compromiso con la salud y prevención. Si querés evaluar el estado nutricional de tus hijos o querés orientación personalizada, consultá con nuestro equipo de pediatría y nutrición infantil.