La enfermedad celíaca es una condición sistémica y crónica que afecta a individuos genéticamente predispuestos cuando consumen gluten. Aunque clásicamente se la asocia con problemas digestivos, hoy sabemos que sus manifestaciones son muy variadas y pueden incluir desde diarrea crónica y distensión abdominal hasta talla baja, anemia que no mejora con tratamiento, o incluso caída del cabello y aftas recurrentes. Es fundamental estar atentos, ya que se estima que por cada caso diagnosticado existen siete pacientes que aún desconocen su condición.
El camino hacia un diagnóstico seguro
Si sospechan que su hijo presenta síntomas o si hay antecedentes familiares de la enfermedad, el primer paso es consultar con el pediatra para realizar un análisis de sangre específico. Es vital no eliminar el gluten de la dieta antes de los estudios, ya que esto podría ocultar las lesiones intestinales y generar resultados falsos negativos, dificultando un diagnóstico preciso de por vida. En la mayoría de los casos, la confirmación definitiva se realiza mediante una endoscopía con biopsia para evaluar el estado de la mucosa intestinal.
Una vez confirmado el diagnóstico, el único tratamiento efectivo es una dieta libre de gluten estricta y permanente. Esto implica excluir el trigo, la avena, la cebada y el centeno (TACC), además de tener especial cuidado con la contaminación cruzada en el hogar y al comer fuera. Con el acompañamiento de nutricionistas y especialistas, los niños logran recuperar su crecimiento y normalizar su estado de salud general, alcanzando una calidad de vida plena.

