Cuando hablamos de nutrición infantil, solemos pensar solo en el peso. Sin embargo, la malnutrición es un concepto mucho más amplio que incluye desde la falta de vitaminas esenciales hasta el sobrepeso y la desnutrición. Como explica la Dra. Macarena Casaza, residente de nuestra Clínica, la desnutrición no es solo un proceso biológico; es un problema que surge de múltiples factores sociales y económicos que afectan cómo el cuerpo de un niño obtiene la energía necesaria para crecer y desarrollar sus órganos, especialmente el cerebro.
¿Cómo sabemos si un niño crece sano?
Para evaluar el estado nutricional, los pediatras utilizamos la antropometría. Esto no es más que medir el peso, la talla y el perímetro de la cabeza. Pero un dato suelto no dice mucho: lo importante es el «percentilo». Imaginen una fila de 100 niños de la misma edad ordenados de menor a mayor altura; el percentilo nos dice en qué lugar de esa fila está su hijo y, lo más importante, si mantiene su ritmo a lo largo del tiempo o si ha habido una caída brusca que debamos investigar.
Es fundamental entender que el peso es muy sensible y puede bajar ante una gripe o diarrea pasajera. En cambio, cuando la talla (la altura) se ve afectada, nos indica que algo más profundo o crónico está ocurriendo. Por eso, el seguimiento constante en las consultas de rutina es la herramienta más sencilla y poderosa que tenemos para prevenir complicaciones graves en el corazón, los músculos y las defensas del niño.
En la Nueva Clínica del Niño, abordamos cada caso de forma integral. Si detectamos signos de alerta, contamos con el equipo para realizar estudios específicos y, en casos de desnutrición grave, brindamos un tratamiento hospitalario cuidadoso. Nuestro objetivo es garantizar que cada niño reciba los nutrientes exactos, de forma progresiva y segura, para que su cuerpo recupere la fuerza necesaria para seguir descubriendo el mundo.

