En la Nueva Clínica del Niño de La Plata, la formación continua y el análisis de casos complejos son pilares fundamentales para brindar la mejor atención. Recientemente, nuestra instructora de residentes, la Dra. Celeste Samaruga, presentó en ateneo un caso que inició como una consulta habitual por palidez y decaimiento en una pequeña de un año y siete meses, pero que requirió una investigación profunda para llegar a un diagnóstico preciso.
Lo que inicialmente parecía una anemia común (falta de hierro), llamó la atención de nuestros especialistas porque la paciente no presentaba mejoría y sus niveles de reticulocitos (glóbulos rojos jóvenes que fabrica la médula) eran inusualmente bajos. Esto indicaba que el problema no era la falta de «materia prima», sino que la «fábrica» de la sangre —la médula ósea— no estaba funcionando correctamente. Tras descartar causas virales y celiaquía, se realizó un estudio de médula que permitió diagnosticar una Leucemia Linfoblástica Aguda de serie B.
La importancia del control pediátrico y el ojo clínico
Este caso resalta que síntomas comunes como el cansancio, la falta de apetito y la palidez marcada siempre deben ser evaluados por un profesional. Aunque en la mayoría de los niños estos síntomas se deben a anemias carenciales fáciles de tratar, existen situaciones donde la complejidad del cuadro requiere de un equipo multidisciplinario (pediatras, hematólogos y genetistas) como el que trabaja diariamente en nuestra institución.
Actualmente, la paciente se encuentra realizando su tratamiento quimioterápico con el acompañamiento de nuestro equipo. Compartir estos casos con la comunidad médica y las familias nos permite estar más alertas y reafirmar nuestro compromiso con la salud de lo más preciado: nuestros hijos.

