Con el inicio de las clases y en el marco del Día Mundial del Sueño, es fundamental que como familias volvamos a poner el foco en la almohada. Dormir no es solo «recargar pilas» tras un día de juegos y estudio; es un proceso biológico vital donde el cerebro de nuestros hijos organiza la información recibida en el aula. Durante la noche, las neuronas trabajan para fijar la memoria y el aprendizaje, convirtiendo lo que leyeron durante el día en conocimientos duraderos.
¿Cuántas horas necesitan y cómo afecta su conducta?
Las necesidades varían según la edad: los más pequeños (3 a 5 años) requieren entre 10 y 13 horas, los niños de primaria entre 9 y 11 horas, mientras que los adolescentes deberían descansar de 8 a 10 horas. Un dato clave para los padres es que la falta de sueño en niños no siempre se ve como cansancio; a menudo se manifiesta como hiperactividad o falta de atención, lo que puede confundirse con otros cuadros. En adolescentes, el mal descanso es más riesgoso, ya que aumenta la propensión a la irritabilidad o estados depresivos.
Para lograr una verdadera «higiene del sueño», los especialistas recomiendan apagar las pantallas dos horas antes de acostarse, ya que su luz azul engaña al cerebro e impide que se fabrique melatonina, la hormona que nos induce al sueño. También es vital mantener horarios regulares incluso los fines de semana y evitar bebidas con cafeína o chocolate después de las 17:00 h.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos? Si notás que tu hijo tiene dificultades constantes para conciliar el sueño, se despierta muchas veces por la noche o se levanta demasiado temprano por un periodo mayor a tres meses, es el momento de consultar con un especialista.
En la Nueva Clínica del Niño, estamos para acompañar el desarrollo saludable de tus hijos en cada etapa.

