El inicio del ciclo lectivo es un momento de pura emoción y reencuentros. Sin embargo, el contacto estrecho en el aula y el intercambio de útiles suelen facilitar la circulación de virus y bacterias. Para que los chicos puedan disfrutar de este año sin interrupciones por resfriados o gripes, la prevención en casa y en el colegio es nuestra mejor aliada.
Hábitos preventivos para cuidar a los más chicos
La base de una vuelta a clases segura reside en la higiene y la vacunación. Es fundamental enseñarles a los niños la importancia del lavado de manos frecuente con agua y jabón, y el hábito de cubrirse con el codo al toser. Un punto crítico es el intercambio de gérmenes a través de la saliva: por eso, recomendamos que cada alumno lleve su propia botella de agua y evitar estrictamente el uso compartido de vasos, tazas o cubiertos.
Mantener el calendario de vacunación al día es la herramienta más efectiva para prevenir cuadros graves, siguiendo siempre las recomendaciones de su pediatra de cabecera en la Clínica. Por otro lado, un sistema inmunológico fuerte se construye con una alimentación balanceada —rica en frutas y verduras—, una buena hidratación y el descanso necesario para su edad. Pequeños cambios en la vianda escolar pueden hacer una gran diferencia.
Finalmente, la comunicación es clave: es importante que los chicos aprendan a manifestar si sienten dolor de garganta o cansancio. Ante la aparición de síntomas, lo ideal es que el niño permanezca en casa para recuperarse pronto y evitar contagios en el grado. Con estas medidas, garantizamos un año escolar lleno de aprendizaje y, sobre todo, mucha salud.

