Con el comienzo del ciclo lectivo, la mochila se convierte en la compañera diaria de niños y adolescentes. Sin embargo, lo que parece un simple accesorio puede transformarse en un factor de riesgo para su salud. Al estar en plena etapa de crecimiento, sus huesos y músculos son especialmente sensibles; cargar un peso excesivo o de forma inadecuada puede provocar dolores de espalda, contracturas y vicios posturales que, si no se controlan, podrían derivar en problemas a largo plazo.
El «Nro. Mágico»: la regla del 10%
Nuestros especialistas de la Nueva Clínica del Niño coinciden con la Sociedad Argentina de Pediatría: el peso de la mochila no debería superar el 10% (máximo 15%) del peso corporal del niño. Es decir, si tu hijo pesa 30 kilos, su mochila no debería exceder los 3 o 4 kilos. Superar este límite obliga al cuerpo a inclinarse hacia adelante o arquearse, tensionando el cuello y la columna en un momento donde las vértebras aún se están moldeando.
¿Qué pasa si es imposible reducir el peso? En aquellos casos donde el material escolar sea inevitablemente pesado y supere los límites recomendados, los expertos sugieren optar por mochilas con carrito. Esta alternativa permite trasladar la carga sobre ruedas, evitando el impacto directo sobre los hombros y la zona lumbar, siempre y cuando se utilicen correctamente para no generar esfuerzos asimétricos.
Para las mochilas de colgar, la clave está en que tengan tiras anchas, acolchadas y se usen siempre sobre ambos hombros. Además, deben quedar bien pegadas a la espalda, terminando unos 5 centímetros por encima de la cintura. ¿Un consejo de oro? Revisen juntos cada noche el contenido para llevar solo lo imprescindible. Si notás que tu hijo camina encorvado o manifiesta dolor frecuente, te recomendamos realizar una consulta preventiva con nuestro servicio de Traumatología Infantil. ¡Cuidar su postura hoy es asegurar su bienestar mañana!

